Publicado enReportaje especial / Agua

La mayor ciudad de la Amazonía desecha prácticamente todo en el río

En Manaos la falta de saneamiento está generalizada, con la contaminación por desechos residuales afectando a los más pobres.

En este tercer reportaje conectando la salud de la cuenca amazónica con la propagación de algas en el Caribe, mostramos como las condiciones en la ciudad más grande de la Amazonía brasileña afectan tanto a la gente como al medioambiente.

Jeane Moura da Silva, de 34 años, pertenece a la tercera generación de residentes del riachuelo Educandos, en el extremo sur de Manaos, la ciudad más grande de la Amazonía brasileña. Vive con sus tres hijas, su esposo y su nieto en el mismo lugar donde su abuela nació y fue criada y donde todos en la familia aprendieron a nadar.

“Mi abuela nos amarraba por la cintura y nos lanzaba al río. Si empezábamos a hundirnos, ella jalaba la cuerda. Así aprendieron mis tíos, hermanos y primos”, dice. “Quería enseñar a mi hija de 10 años aquí, cerca de casa, asi como lo hizo mi abuela conmigo, pero no puedo”.

El riachuelo Educados es un afluente del río Negro que junto con el río Solimoes forma el poderoso Amazonas en territorio brasileño. La cuenca del río Negro es una de las más grandes en toda la región amazónica, y drena un área del tamaño de Francia. De acuerdo con la Amazon Waters Initiative, el río Negro “es el único gran río de agua negra en la cuenca amazónica, responsable por entre 13 y 14% del total anual de descargas del río Amazonas”.

Las aguas negras del río indican un bajo nivel de sedimentos, y durante la mayor parte de su curso, el río corre limpio. Alberga algunas de las más biodiversas fauna y flora de la región.

Durante las primeras décadas del siglo 20, Educandos era un río saludable también, rodeado por árboles como arazá (Eugenia stipitate) y cumare (Astrocaryum aculeatum). Así lo registró la investigadora Helen de Sousa Oliveira en 2007, en su tesis de maestría en la Universidad Federal de Amazonas. Entre las décadas de 1960 y 1970, abundaban los sitios para darse un chapuzón en Manaos, atrayendo a personas de todas las clases sociales.

Pero la apertura de la Zona Franca de Manaos a fines de la década de 1960 aceleró el desarrollo urbano descontrolado y atrajo a una población que actualmente ronda los 2,2 millones de habitantes, la mayor de la región amazónica de Brasil.

Ahora Jean vive en el Beco da Bomba, donde un laberinto de puentes conecta casas que se balancean en estacas para escapar de la subida de las aguas estacional. En ésta, la parte más baja del riachuelo Educandos, se acumula mucha basura, bien sea porque fue descartada aquí o porque la corriente la trajo arrastrada por las lluvias del invierno amazónico que va de diciembre a mayo.

En la Amazonía brasileña, los habitantes del río, pescadores y la mayor concentración de población indígena del país dependen de ríos limpios como fuente de alimento, bebida y para transporte. Manantiales inmensos que generan enormes volúmenes de agua dulce dan la impresión de que las aguas residuales, la basura y otros contaminantes no causan problemas porque son temporales y rápidamente desaparecen, arrastrados por la corriente. Pero la realidad es diferente, dice la investigadora Salete Almeida da Silva, de la Fundaçao Oswaldo Cruz (Fiocruz), un instituto público de investigación sobre salud.

“La población es vulnerable. Estudios señalan que saneamiento deficiente puede traer de vuelta el cólera, enfermedad que causó un brote en la década de 1990. Continuamente advertimos que el agua está contaminada y no es apta para consumo, pero no pasa nada y no cambia nada”, explica.

La salud del río

No es sólo la población que es afectada de forma directa. Como mostramos en el primer reportaje de esta serie, investigaciones recientes muestran que grandes cantidades de nutrientes orgánicos, como nitrógeno y fósforo, están llegando al océano y favoreciendo la proliferación de algas, que pueden tener efectos perjudiciales y hasta tóxicos en la gente y en la vida marina. De acuerdo con la infomación recabada, la mayoría del nitrógeno que llega al océano desde el Amazonas proviene de aguas residuales no tratadas.

9 de cada 10 residentes no tienen acceso al sistema de aguas residuales en Manaus

Manaos tiene el sexto mayor Producto Interno Bruto (PIB) de todas las ciudades de Brasil, totalizando más de 78.000 millones de reales (aproximadamente USD $20.000 millones) en 2018. Aún así nueve de cada 10 residentes no tienen acceso al sistema de aguas residuales, y solo un tercio de las aguas residuales recibe algún tipo de tratamiento antes de ser descartadas en los cientos de vías fluviales que recorren la ciudad. Información pública colectada por el think-tank Instituto Trata Brasil demuestra índices similares alrededor de la región metropolitana de Manaos, la capital del estado brasileño de Amazonas.

Riachuelos como Educandos, Compensa y Sao Raimundo cambiaron su color por los desechos residuales y están entupidos com botellas plásticos y bolsas, cauchos, colchones y muebles. La mitad de los residentes está en barrios, palafitos y otros asentamientos informales, de acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Según el Código Forestal de Brasil, las orillas de los ríos no deberían estar ocuparse, pero un mapa superponiendo los riachuelos y los asentamientos informales muestra que ambos están directamente correlacionados.

En el estado de Amazonas, apenas 14,95% de la población de más de 4,1 millones de personas, tanto en áreas urbanas y rurales, cuenta con una red de alcantarillado, tratamientos y otras alternativas para las aguas residuales, de acuerdo con la información con del Sistema Nacional de Información de Saneamiento, una base de datos del gobierno. En Manaos, que se asienta sobre once cuencas hidrográficas, sólo 19,20% de la población está conectada a un sistema de alcantarillado.

La realidad es evidente en la casa de Dona Raimunda Conceiçao Oliveira das Neves, de 62 años, al final del Beco do Amor, en el riachuelo Educandos.

“El olor es la peor parte. Cuando llueve, asusta”, ella dice.

Hamilton Leao, presidente del Instituto Amazónico Cidadania, una asociación civil que monitoriza las políticas públicas, es muy crítico.

Manaos apesta. Los desechos residuales corren por las calles. La capital es vibrante y tiene una economía fuerte, pero sus líderes no aceptan su responsabilidad política para resolver el problema. La ciudad y su población no se merece este tratamiento

dice Hamilton Leão.

En una entrevista por correo electrónico con InfoAmazonia, el asesor de comunicaciones de la alcaldía de Manaos dijo que la red de alcantarillado de la ciudad tiene más de 500 kilómetros de tuberías conectadas a 60 plantas de tratamientos de desechos residuales y 51 estaciones de bombeo. También destacó que es necesario un “cambio de cultura” por parte de los residentes, puesto que no todos se han incorporado a la red de alcantarillas existente.  

“Actualmente, la red de alcantarillado está disponible para 20% de la población, pero sólo 12% está conectado”, el asesor de comunicaciones dijo. “Muchos residentes aún utilizan otros mecanismos para descartar sus desechos, o tanques sépticos”.

Falta de saneamiento básico es un problema crónico nacional

Al menos cuatro de cada 10 ciudades en Brasil carecen de saneamiento básico. Uno de cada diez hogares brasileños – cerca de 9 millones de hogares en total – descartan sus desechos residuales en pozos, fosas, ríos o en el mar. Pero mientras que 90% de los municipios del sudeste tienen saneamiento básico, esta cifra cae a 16% en la región norte. Ocho de diez habitantes allí viven en casas sin saneamiento, de acuerdo con el IBGE.

La falta de saneamiento se evidencia en un alto número de casos de enfermedades transmitidas por el agua. De acuerdo con la OMS, malas condiciones de saneamiento están relacionadas con la transmisión de enfermedades como cólera, diarrea, disentería, hepatitis A, tifoide y polio, y agrava el retraso del crecimiento.

Fabiano Silva, el coordinador ejecutivo de la Fundación Vitória Amazónica, parte de un colectivo regional que trata de influir en políticas públicas dirigidas al desarrollo sostenible, dice que la falta extrema de infraestructura de saneamiento en Manaos es vista también en la mayoría de las ciudades de la región amazónica. Como en el resto del país, la expansión del desarrollo urbano regional ha sido sin planificación y presionada por especuladores inmobiliarios y ocupaciones ilegales.

“Sin otras alternativas, las comunidades urbanas y rurales en la Amazonía lanzan todo al río. Y más y más gente está yendo a las ciudades buscando una mejor vida y servicios de salud”, dice Silva. Pero el desarrollo de las ciudades tiene un impacto mayor al del área que ocupan directamente.

“Actuar con atraso, sin invertir previamente en saneamiento, siempre resultará más caro que actuar antes y de forma planificada”, señalo. La Fundación es uno de los miembros del Observatorio de la Región Metropolitana de Manaos. La plataforma alojada en la Universidad Federal de Amazonas reúne a investigadores y activistas que, desde 2014, monitorean y buscan influir en las políticas públicas para un desarrollo más sostenible de la capital de Amazonas.

Las políticas de los aguas residuales

“Así como un asunto de salud, el saneamiento es también político”, dice Adjalma Nogueira, una analista del IBGE.

Las ciudades en la región amazónica mantienen una fuerte relación con el agua y casi todas están atravesadas por ríos y riachuelos, dice. Pero hay una falta histórica de interés entre las autoridades locales en destinar recursos o infraestructura que en la práctica es invisible.

“Cuando una ciudad crece de forma espontánea, las orillas de estos cursos de agua son ocupados de forma descontrolada. La población comienza a usarlos para descartar su basura y sus desechos. Incluso en áreas sin cursos de agua, las condiciones sanitarias son comúnmente impactadas por la falta de drenajes y alcantarillados”, explica Nogueira.

“Algunos condominios privados tienen sus propios sistemas de tratamiento, pero nadie conoce como funcionan: si hay un tratamiento apropiado, si hay manutención regular, y si siguen las regulaciones. Oficialmente hablando, no sabemos que tipo de agua bebemos, que tipo de basura es lanzada al río Negro”, dice Sérgio Bringel de la Universidad Estatal de Amazonas, y un investigador en Instituto Nacional de Investigaciones Amazónicas (INPA).

Básicamente, debido a su PH ácido y al gran volumen de agua, los autores de la Carta de Manaos consideraron que el río Negro es capaz de soportar una gran cantidad de efluentes.

La asesoría respaldando la Carta de Manaos fue realizada en 2013 por técnicos sanitarios e ingenieros, académicos y representantes de los gobiernos nacional, regional y municipal, todos reunidos por el Banco Interamericano de Desarrollo.

De acuerdo con Bringel, sin embargo, las características especiales de las aguas del río Negro requieren más estudios y consultas públicas para determinar el verdadero impacto de descartar aguas residuales en los cursos fluviales.

“Así podemos comprender como la basura impacta la química y la dinámica del río y su fauna y su flora. Manaos ha liberado sus efluentes sin tratamiento al río Negro desde la década de 1970”.

Déficit de saneamiento

Édison Carlos, el presidente ejecutivo del Instituto Trata Brasil, subraya que durante años la inversión nacional en saneamiento básico no ha ido al ritmo del crecimiento y la concentración poblacional en las ciudades. Adicionalmente, funcionarios del gobierno continúan priorizando el suministro de agua tratada como la parte más visible de las inversiones, mientras la población infravalora y a menudo no quiere pagar por la colecta y tratamiento de sus desechos.

La situación brasileña es resultado de la falta planeamiento e inversión. Mientras el suministro de agua es el aspecto favorable del saneamiento, los desechos residuales han sido vistos históricamente como un problema. Tratar agua genera votos, mientras que es posible lidiar después con las aguas residuales. Pero todo tiene un precio

dice Carlos.

“La gente afectada por desechos sin tratar sufre de numerosos problemas de salud y sociales. Mucho del gasto público en salud es consecuencia de la falta de saneamiento”, advirtió el presidente del Instituto Trata Brasil.

Aegea Saneamento, una de las mayores empresas privadas de saneamiento en el país, ha estado a cargo de todos los servicios ofrecidos por Águas de Manaos desde junio de 2018. Águas de Manaos es el proveedor de la ciudad de Manaos. La compañía dice que ha destinado más de 300 millones de reales (USD 53,8 millones) en inversiones en dos años y medio, y planea expandir la cobertura de su red de alcantarillado y tratamiento a 80% de la población de la ciudad para 2030.

Desde julio de 2020, Brasil tiene también una nueva política nacional de saneamiento básico. La legislación exige que al menos nueve de cada diez brasileños tengan acceso a agua potable, colecta de aguas residuales y tratamiento para 2033. Actualmente, mitad de la población, o 105 millones de personas, no tienen descarte de aguas residuales, y 16% (34 millones de habitantes) no tienen agua tratada.

La Asociación Brasileña de Concesionarios Privados de Agua Pública y Aguas Residuales (Abcon) y la consultora KPMG estiman que las inversiones que el país necesita para lograr este salto en saneamiento básico en apenas una década rondan los 753.000 millones de reales (aproximadamente USD 140.000 millones). La cifra cubre la instalación y la manutención del suministro de agua y sistemas de aguas residuales. Resolver la situación en la región norte, sin embargo, requeriría 54.000 millones de reales, menos de 7% del total, aún así un monto difícil de reunir.

“[Amazonas] era la región que [estaba] menos avanzada históricamente. Las otras regiones, a pesar de que no avanzaron mucho, avanzaron más que el norte [de Brasil]. Una de las características del norte es la fragilidad de las compañías locales estatales. La gran mayoría de estas compañías estatales tienen una situación financiera muy débil”, dijo Édison Carlos del Instituto Trata Brasil, que tambien destaca que la inversión privada será necesaria para alcanzar las metas de cobertura.

En la década de los 1970, un promedio del 0,6% del PIB de Brasil fue invertido en saneamiento básico. Entre 2003 y 2018 este número cayó a 0,2% del PIB, con inversiones anuales de cerca de 12.600 millones de reales. En 2018, 13.100 millones de reales fueron invertidos. Siguiendo la tasa de inversión actual – principalmente pública -, Abcon y KPMG destacan que el suministro general de agua y el tratamiento de las aguas residuales sólo estarán disponibles para todos los brasileños en 2055.

En un intento de sortear los déficits políticos y presupuestarios, la nueva legislación allana el camino para aumentar la participación del sector privado. La licitación de la contratación de servicios ya no dará mayor preferencia a las empresas estatales. Los municipios podrán unirse en consorcios para mejorar sus condiciones sanitarias.

“Si las subastas tienen éxito, atraerán compañías y recursos que puedan resolver el tema del saneamiento en la región norte”, dijo Carlos. “Pero el covid-19 podría empujar a más personas a las ciudades en busca de los servicios de salud que han demostrado tener fallas en la pandemia en su vasto territorio. [Si es así,] la falta de servicios de salud y de saneamiento continuará cobrando un alto precio en la región ”.


Este reportaje fue producido por InfoAmazonia con apoyo de Earth Journalism Network, de Internews. Fue traducida por Paula Ramon, editada por James Fahn y Gustavo Faleiros.

Imagen de apertura: barrio y arroyo de Educandos, región central, cerca del puerto de Manaos, conocido como Manaus Moderna. Crédito: Bruno Kelly.

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