Después de años de trabajo, este 2024 se pondrá en marcha un piloto que busca poner a conversar distintos saberes para mejorar algo clave a la hora de hablar de salud pública: la atención materna.

En Putumayo, en la Amazonia colombiana, se está gestando una idea que los grupos indígenas de la región han esperado desde que se firmó la Constitución de 1991: atender la salud de las comunidades a partir de un diálogo entre las medicinas ancestrales y la “medicina occidental”. Después de años de trabajo, este 2024 se pondrá en marcha un piloto que busca poner a conversar a ambos saberes para mejorar algo clave a la hora de hablar de salud pública: la atención materna.

Putumayo no es un departamento con cifras destacables de mortalidad materna. Según el Ministerio de Salud, en 2020, hubo 151 defunciones maternas durante el embarazo, parto o los 42 días después del parto por cada 100.000 nacidos vivos. En Bogotá hubo 35. En Colombia, en promedio, 65.

Por eso, cuando en el ESE Hospital Fronterizo La Dorada, en el municipio de San Miguel, se preguntaron en 2021 cuál era el camino indicado para lograr una atención enfocada en las cosmogonías de los pueblos que atendían, optaron por priorizar la ruta materno perinatal. “Tiene un peso grande en la salud pública y, además, es clave en el tema de la pervivencia de los pueblos indígenas”, dice Sandra Patiño, profesional de salud del equipo territorial de Putumayo de Amazon Conservation Team (ACT), ONG que ha acompañado el proceso.

En palabras de Patiño, lo que buscaban era que las comunidades empezaran a ser “mejor atendidas, dentro del marco de la figura del Sistema Indígena de Salud Propio Intercultural (Sispi), para que las medicinas trabajaran de la mano en pro del derecho a la salud de estos pueblos”.

Para lograrlo, una de las primeras cosas que hicieron fue tener un encuentro con los 12 cabildos, pertenecientes a los pueblos awá, cofán, inga, kichwa, camsá y pastos, que solían llegar a los consultorios del Hospital Fronterizo La Dorada.

Sin ahondar en muchos detalles, durante 2023 se reunieron 12 parteras, parteros y médicos tradicionales, junto a integrantes del hospital, la Dirección Local de Salud de San Miguel y la Secretaría de Salud del departamento, y establecieron un plan piloto de la ruta materno perinatal a 2030.

Se trató de un ejercicio en el que “por primera vez parteras y médicos tradicionales de diferentes pueblos interactúan entre ellos y con actores de salud del hospital, la Dirección Local en Salud del municipio y la Secretaría departamental”, cuenta Patiño. Si todo sale como está planeado, se empezará a implementar este año.

En un departamento como Putumayo, en donde hay una población importante de grupos étnicos, “si esto no se hiciera estaríamos incurriendo en una omisión frente a tantas maneras de entender el acto de nacer, que biológicamente es el mismo para todos los seres humanos, pero culturalmente hay diversidad de prácticas y creencias”, asegura Paula Galeano, coordinadora del equipo territorial de Putumayo de ACT.

Para ella, esta es una experiencia pionera en el departamento que puede replicarse en otros hospitales. Incluso, ya empiezan a sonar algunas voces interesadas en replicar ese objetivo. Desde el Valle del Guamuez, por ejemplo, se han comunicado con el hospital para analizar la posibilidad de llevar a cabo un ejercicio similar.

Sobre la mesa hay, sin embargo, un desafío: de los 15 pueblos indígenas que hay en Putumayo, solo seis han avanzado en la primera o segunda fase de su Sispi, que debía ser creado basado en un modelo con base en su cosmovisión, sus prácticas y sus medicinas. Los awá y cofán llevan varios años en la primera fase. Los pueblos pastos, embera-chamí, muina murui y coreguaje, por otra parte, se encuentran en la segunda fase. Y los pueblos inga, kichwa y camsá aún no adelantan ninguna fase.

Las claves de un sistema entre medicina occidental y ancestral

Uno de los pilares esenciales de este proyecto consiste en que las pacientes tengan a su disposición medicamentos, así como tratamientos de base tradicional, o que estos puedan combinarse. También que puedan ser valoradas tanto por su partera como por un médico y que, si lo desean o lo requieren, ambos estén en el parto.

Según Jina Belalcázar, gerente del hospital en San Miguel, quien antes estuvo al frente de la Dirección Local en Salud, son pocos los partos que se atienden en el hospital, además de que hay mujeres que llegan al octavo o noveno mes de embarazo sin ecografías ni otros exámenes.

Aunque la ruta no se ha empezado a implementar, Belalcázar es enfática en que ayudará “a reducir complicaciones” y a aumentar la confianza y el interés de las mujeres indígenas por valorarse en el hospital. Para esto, agrega Melania Jojoa, partera del pueblo cofán, es clave que la atención conjunta se realice desde el inicio de la gestación y no únicamente en el trabajo de parto.

Un ejemplo de las ventajas que trae el trabajo conjunto entre ambas medicinas, comenta Sineida Viveros, partera del pueblo pastos, es que pueden tratar asuntos que se escapan de los ojos de un médico. “Nosotros tratamos, por ejemplo, un mal de aire, que es algo que no se cura con inyecciones o medicamentos: es una enfermedad de espíritu”, dice.

Incluso, la gestación y el posparto de las madres no son lo único que la ruta respalda. También otras prácticas tradicionales, como el protocolo de la entrega de la placenta. Sembrar las placentas garantiza, explica Viveros, “que nuestros hijos queden conectados con la madre Tierra y tengan sentido de pertenencia por su pueblo”.

“Usualmente en los hospitales no las entregan y se desechan. En este caso, las mamás que quieran recibirla y enterrarla allí mismo lo van a poder hacer o también podrán llevársela para enterrarla en su casa”, complementa Patiño.

Pero hay otros ingredientes que son necesarios para que ese nuevo camino de atención tenga éxito. “A veces se piensa que se trata de pintar una pared, poner unas artesanías o facilitar el parto vertical. Pero una atención que reconoce la diversidad es algo que va mucho más allá, incluye todo el tema de capacitación de talento humano y de generar las estrategias para recibir los nuevos talentos en salud”, explica Patiño. En últimas, añade, lo que están buscando es mejorar el acceso al sistema de salud de la población rural.

Por ejemplo, se requiere capacitación en primeros auxilios de atención materno perinatal, desarrollar una estrategia de comunicación local e incluir en el hospital una partera, así como un médico tradicional, de tiempo completo.

Además, la iniciativa cuenta con un enfoque que, en palabras de Galeano, es una deuda de las iniciativas de salud materno perinatal en la Amazonia: incorporar una perspectiva para entender los efectos del cambio climático sobre la salud materna. Es un nuevo componente que están adelantando con apoyo de la Fundación Rockefeller y la organización Hivos de Ecuador.

Mientras el proyecto avanza, en otros departamentos de la región, como el Amazonas, a la par de que adelantan la segunda fase de un modelo de Sispi, hay proyectos que buscan consolidar rutas similares de salud intercultural. Hay, por solo mencionar un caso, agentes de salud indígenas que están al frente de ocho puestos que, lejos de tener la infraestructura de un hospital, se han fortalecido para beneficiar con ambas medicinas a territorios apartados.


Este artículo es publicado gracias a una alianza entre El Espectador e InfoAmazonia, con el apoyo de Amazon Conservation Team.

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