Entre avances diplomáticos y contradicciones internas, Brasil intenta convertir en un plan global la propuesta de eliminar progresivamente el petróleo, el gas y el carbón. Los estudios que sustentan la hoja de ruta presentada en Belém deben reunir a agencias internacionales, científicos y representantes del sector petrolero, mientras el país mantiene abierta la exploración de nuevas reservas en la Amazonía.
Un mapa aún sin rumbo definido —y que expuso las contradicciones y disputas centrales de la crisis climática— comenzó a delinearse en Belém con la clausura de la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La iniciativa de la presidencia de la COP30 para este itinerario deberá apoyarse en estudios técnicos que reúnan a científicos, agencias internacionales y representantes del sector petrolero (ver más abajo). Propuesto por el presidente Lula (PT) ya en la apertura de la Cumbre de Líderes, que antecedió a la conferencia, el “mapa del camino para el fin de los combustibles fósiles” dominó los debates durante las dos semanas del encuentro y obtuvo el apoyo de decenas de países, a pesar de haber sido anunciado pocas semanas después de que el propio gobierno autorizara la perforación de pozos de petróleo en la costa amazónica.
Sin menciones a los combustibles fósiles —cuya quema es la principal responsable del calentamiento del planeta— en los textos de negociación, la propuesta terminó convirtiéndose en uno de los temas más comentados de la COP. Marcó encuentros paralelos y articulaciones diplomáticas, pero enfrentó fuerte resistencia de las naciones petroleras, lideradas por Arabia Saudita, Rusia e India, debido a que el tema no figuraba en la agenda oficial.
A mediados de la segunda semana de la conferencia, Lula regresó a la Zona Azul, donde se desarrollan las negociaciones, para intentar tejer un consenso. Una versión preliminar del documento del Global Mutirão (el principal paquete político del acuerdo de Belém) llegó a mencionar la creación de un “mapa voluntario” para la salida de los fósiles en el marco del Acuerdo de París. Con los debates sobre financiamiento y adaptación estancados, la llamada hoja de ruta (roadmap, en inglés) para el fin de los fósiles era el principal resultado político esperado del encuentro. Pero la propuesta no ingresó en el texto final, que evitó cualquier referencia a los combustibles fósiles.
Un grupo de 29 países —entre ellos Colombia, Chile, Panamá, Alemania y Dinamarca— amenazó con no firmar el acuerdo sin la inclusión de la hoja de ruta, pero terminó cediendo.
“Estaba un marcador algo así como 85 a 80, que más o menos identificamos, y como ustedes saben, tiene que ser de 195 a 0”, dijo Ana Toni, CEO de la COP30, al citar un cálculo aproximado de la divergencia entre los países de la convención.
Sin acuerdo entre las 195 delegaciones, la salida a la brasileña fue empujar el tema hacia una vía paralela, anunciada por Corrêa do Lago en la plenaria final del sábado (22). Bajo su coordinación directa, la presidencia de la COP30 prometió entregar, antes de la COP31 en Turquía, un documento técnico que respalde nuevas discusiones sobre el fin de los combustibles fósiles. Sin embargo, la hoja de ruta no es vinculante para la Convención del Clima y no crea obligaciones para el cumplimiento de las metas del Acuerdo de París; funciona únicamente como una plataforma voluntaria de diálogo entre los cerca de 80 países que apoyaron la iniciativa.
La primera reunión de este grupo está prevista para abril de 2026, en Colombia, durante la primera conferencia internacional dedicada a la transición de los combustibles fósiles.Durante la COP30, en Belém, Colombia ganó protagonismo al anunciar toda su Amazonía como zona libre de petróleo, en un encuentro de ministros de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA). En esa ocasión, instó a las demás naciones que albergan la mayor selva tropical del mundo a seguir el mismo camino.
División expuesta en la plenaria final
La solución encontrada por la presidencia de la COP30 generó reacciones inmediatas en la plenaria final. Países como Colombia, Panamá y Uruguay exigieron que la mención a la “transición para alejarse de los combustibles fósiles, de manera justa, ordenada y equitativa” se mantuviera en el programa de mitigación.
La negociadora colombiana interrumpió la sesión y declaró: “Esta es la COP de la verdad, la COP de la confianza, y no puede respaldar un resultado que ignore la ciencia”. Recordó que “casi el 75 % de las emisiones globales de CO₂ provienen de los combustibles fósiles” y que “no hay mitigación si no podemos discutir la transición con base en la ciencia y en la justicia”.
En la dirección opuesta, Arabia Saudita, Rusia, India y Nigeria reaccionaron con ironías y críticas a la presión latinoamericana. El representante ruso acusó a los países de la región de “comportarse como niños que quieren todos los dulces”. Nigeria afirmó que “la transición energética no puede imponerse” y debe respetar “las realidades económicas nacionales”, mientras India, en nombre del bloque BASIC, grupo de cuatro países recientemente industrializados (Brasil, Sudáfrica, India y China), rechazó reabrir el debate sobre los fósiles.
En medio del enfrentamiento, el secretario de Seguridad Energética y Emisiones Cero del Reino Unido, Ed Miliband, salió de la plenaria y resumió la ambigüedad del resultado ante los periodistas: “Yo habría preferido que la transición para alejarse de los combustibles fósiles hubiera sido incluida en el texto, pero países clave se opusieron. Aun así, hay elementos suficientes en este acuerdo para que Brasil lance esa hoja de ruta crucial. Es un avance, aunque limitado.”

La Unión Europea, por su parte, defendió la continuidad de las discusiones sobre la transición energética, pero aceptó apoyar el texto del acuerdo climático presentado en la plenaria, conocido como el Paquete de Belém, sin la mención a los combustibles fósiles.
“La ciencia nos dice claramente que las emisiones globales deben caer mucho más rápido. Europa está haciendo su parte. Teníamos la esperanza de que Belém nos diera una respuesta global para acelerar la ambición y la acción y mostrar cómo vamos a cerrar la brecha hacia 1,5 °C. El paquete que tenemos ante nosotros es, en cierto sentido, una oportunidad perdida. Aun así, la UE no se opondrá a este paquete”.
La ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático (MMA), Marina Silva, fue desde el inicio la principal defensora de la propuesta brasileña. En su intervención final, evocó la Conferencia de Río 92, que dio origen a las COP, y afirmó que, si pudiera volver en el tiempo, se diría a sí misma que “la urgencia debería hablar más alto que cualquier otro interés”.
Aunque todavía no haya sido posible alcanzar el consenso para que este llamado ingresara en las decisiones de esta COP, el apoyo que recibió de muchas Partes y de la sociedad fortalece el compromiso de la actual presidencia de elaborar dos hojas de ruta: una sobre detener y revertir la deforestación y otra sobre la transición para alejarse de los combustibles fósiles, de manera justa, ordenada y equitativa. Ambas estarán guiadas por la ciencia y serán inclusivas.”
Marina Silva, Ministra de Medio Ambiente
Al dirigirse a la plenaria final de la COP30, Marina fue ovacionada por los representantes de las 195 naciones, que la aplaudieron de pie durante más de tres minutos.

Mapa va a reunir estudios en medio de dilemas nacionales sobre la exploración en la Amazonía
El presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, afirmó que la hoja de ruta se elaborará a partir de estudios ya encargados por el MMA para definir caminos de transición energética. “El objetivo es construir un documento técnico sólido, basado en evidencias y en el diálogo entre países productores y consumidores de energía”, explicó.
Según el diplomático, Brasil pretende involucrar a científicos y a la propia industria del petróleo en la construcción del plan, con el apoyo de instituciones como la Agencia Internacional de Energía (AIE), la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) e incluso el cartel de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que, según él, “tiene mucha investigación sobre el tema”.
“Queremos reunir la mayor inteligencia posible sobre energías fósiles y organizar esa información por medio de reuniones, seminarios y estudios”, dijo Corrêa do Lago.
De acuerdo con André Corrêa do Lago, la elaboración de la hoja de ruta debe apoyarse en estudios técnicos, incluidas propuestas ya encargadas por la presidencia de la COP30. InfoAmazonia pudo confirmar que uno de esos estudios es el informe “Transición de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos”, elaborado a pedido del MMA y presentado como insumo para la hoja de ruta. El estudio fue realizado por la consultora Catavento y contó con el apoyo del Instituto Brasileño de Petróleo y Gás (IBP), representante del sector petrolero, y del Instituto Clima y Sociedad (iCS). La segunda versión, que incluye también al sector del carbón, fue entregada a la presidencia de la COP30 en agosto de este año. Fue mencionada por el presidente de la COP30 como un ejemplo de cómo se construirá la hoja de ruta, reuniendo la mayor cantidad posible de información sobre el tema.
“Ya comenzamos este estudio; la ministra [Marina Silva] ya lo había pedido y Ana [Toni] lo había encargado. Empezamos este estudio con un trabajo que, creo, nos mostró que sería posible hacerlo. Y más que posible, interesantísimo. Porque el primer trabajo que encargamos ya nos mostró el mundo de una manera diferente”, anunció Corrêa do Lago.
El estudio analiza la capacidad de 11 países para adaptar sus matrices energéticas y los distribuye en tres grupos, definidos según el grado de urgencia y viabilidad de la transición de los combustibles fósiles. En este conjunto, Brasil es clasificado como “potencial intermedio de adaptación”, por detrás de Alemania, China, Canadá y Estados Unidos, identificados como aquellos que deberían liderar la salida de los fósiles debido a su autonomía económica y a una mayor capacidad de financiar tecnologías para la transición interna en sus países.
En el otro extremo entre los países evaluados, India, Arabia Saudita y Nigeria figuran en el grupo de los adapters, que, según el estudio, requieren más apoyo para avanzar en la transición energética.
En la práctica, esto significa que Brasil, que intenta liderar el debate global sobre el fin de los combustibles fósiles, seguiría explotando petróleo por algunos años más. Una solución que refleja el dilema interno del gobierno de Lula sobre la exploración en la cuenca del Río Amazonas y la presión de empresas extranjeras como las estadounidenses ExxonMobil y Chevron, principales ganadoras del último remate en la costa amazónica brasileña.
Según la asesoría de la presidencia de la COP30, la propuesta es similar a la hoja de ruta Baku–Belém, aprobada también como medida paralela a la convención de Azerbaiyán el año pasado (COP29), que reunió esfuerzos de ambas naciones para construir una hoja de ruta que permitiera que el financiamiento climático alcanzara los US$ 1,3 billones necesarios para enfrentar la crisis climática. La hoja de ruta reunió una serie de estudios, análisis e investigaciones que indicaban cuánto necesitan las naciones para combatir el cambio climático y promover la transición energética.

Un balance agridulce
La hoja de ruta sobre los fósiles propuesta por Brasil sobrevivió políticamente, pero salió de la COP30 sin fuerza normativa.
Para el especialista en políticas climáticas del Instituto Talanoa, Caio Victor Vieira, “la COP termina con un sentimiento agridulce”. A pesar de avances puntuales en los debates sobre transición justa, financiamiento para adaptación y revisión de los mecanismos de transparencia climática, considera que el texto final no abordó las emergencias que exigen respuestas inmediatas.
Vieira destaca que la propuesta brasileña, incluso siendo paralela, envía un mensaje importante sobre la posición de las Partes de la convención, pero es cauto respecto a los resultados que la medida podría generar.
“Abre procesos institucionales que podrían acabar de una vez por todas con los problemas globales, pero aún es una señal muy frágil de que eso vaya a ocurrir; aplaza este impasse, que podría haber sido resuelto aquí en Belém, hacia un proceso de al menos un año. Aunque es histórico, también supone una dilución en el tiempo de la cual ya no disponemos”, analiza el científico de Talanoa.
Según la evaluación de Greenpeace, el desenlace quedó por debajo de lo necesario. “La decisión de la presidencia de crear las dos hojas de ruta —tanto para llegar a cero deforestación como para poner fin a los combustibles fósiles— tiene sabor a premio de consolación. Claro que permitirá que el trabajo continúe el año que viene y que el momentum creado en Belém no se pierda. Pero no es el avance que esperábamos, y que el mundo necesita desesperadamente”, dijo Carolina Pasquali, directora de la ONG en Brasil.
Aún sin hoja de ruta, el fin de los fósiles en Brasil sigue indefinido
Consultada por InfoAmazonia sobre cuándo Brasil anunciaría el fin de los combustibles fósiles como ejemplo en la propia causa que Brasil abanderó en la reunión global del clima, la ministra Marina Silva afirmó, en su última declaración en la Zona Azul, que “el propio presidente Lula dijo que está convencido de que necesitamos elaborar hojas de ruta”.
“Si usted elabora la hoja de ruta, son los estudios —que son una dinámica muy compleja— los que van a indicar los plazos. Si lo define a priori, está desconsiderando que algo de esta naturaleza y complejidad solo puede hacerse con base en datos y evidencia”, completó Marina.
El pasado 17 de noviembre, la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles brasileña aprobó la inclusión de 275 nuevos bloques exploratorios para la explotación de petróleo y gas en la licitación de la Oferta Permanente de Concesión, incluyendo áreas de exploración en la Amazonía y en otras regiones del país.
Hasta el momento, Brasil no tiene una fecha para poner fin a su propia explotación de combustibles fósiles.