El negocio de la adicción en la triple frontera amazónica

En la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil, el avance del narcotráfico ha transformado el consumo de drogas en una crisis de salud pública que golpea especialmente a las comunidades indígenas. Jóvenes Tikuna y Cocama son reclutados como mano de obra para los cultivos y laboratorios de coca en Perú, mientras otros reciben pasta base de cocaína como pago o lo consiguen en puntos de venta dentro de sus comunidades, alimentando un ciclo de adicción, violencia, suicidios y exclusión social.

Jóvenes indígenas en la COP30: ‘las petroleras han causado mucho sufrimiento a la Amazonía y a sus seres espirituales’

Como parte del proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía, de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) y el Woodwell Climate Research Center, jóvenes de los pueblos waorani, kakataibo, kichwa, tikuna y uwottüja participan en la cumbre climática más importante del mundo, que se desarrolla en Brasil, para visibilizar su rol como guardianes de la Amazonía. Aquí, dos testimonios.

La advertencia científica de hace décadas sobre el río Amazonas y Leticia que fue ignorada

Desde hace más de 20 años, un grupo de científicos colombianos alertó sobre los cambios en el río Amazonas: su caudal comenzaba a desplazarse hacia el lado peruano, dejando en riesgo el acceso de Leticia al río. Hoy, esa advertencia se cumple, y las consecuencias son cada vez más visibles para esta ciudad amazónica. ¿Aún podemos hacer algo?

Las deudas del Perú con la restauración de los ecosistemas

En la COP20 de Lima (2014), el Estado se comprometió a restaurar, hasta 2030 y en conjunto con el sector privado, más de 3 millones de hectáreas degradadas. En los años más recientes, el Gobierno adoptó metas mucho menos pretenciosas para el sector estatal y, aun así, parte de los proyectos tienen retrasos en su ejecución, otros esperan aprobación técnica y algunos más están a punto de ser archivados.

Amazonía, la nueva frontera mundial del petróleo

En cinco décadas, la actividad petrolera en la región ha deforestado el bosque, contaminado el agua, arrojado gases contaminantes a la atmósfera, avanzado sobre tierras indígenas y profundizado las desigualdades. Ahora, una nueva oleada de proyectos amenaza con repetir esa historia.

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