Sólo un 17% de los gobiernos nacionales presentaron los compromisos que serán clave para la implementación del Acuerdo de París. Cuáles son sus puntos favorables y sus debilidades. Qué ocurre con los países más emisores pendientes.
“Ninguna acción constituye una demostración más contundente de compromiso con el multilateralismo y con el régimen climático que las NDC que nuestros países presentan como compromiso nacional para contribuir al Acuerdo de París”, afirmó hace un mes el presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, en su sexta carta dirigida a los gobiernos.
Sus palabras fueron un llamado de atención sobre un compromiso aún pendiente. Este 2025 los países deben presentar nuevos planes nacionales de acción climática -los conocidos técnicamente como contribuciones determinadas a nivel nacional o NDC (por sus siglas en Inglés) – para avanzar en la implementación del Acuerdo de París.
¿Por qué Corrêa do Lago les recordó eso? La fecha límite inicial de presentación era el 10 de febrero, pero sólo 16 países cumplieron para entonces. Por el contexto geopolítico, la futura salida de Estados Unidos del Acuerdo, las dificultades financieras, se comprendió que los países necesitarían más tiempo.
Ahora, a dos meses de la conferencia climática COP30 – y al momento de cierre de este artículo – , sólo 34 países han cumplido con dicha presentación y ellos apenas representan el 21% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEIs), según el análisis de Climate Watch.
La suma de las reducciones de emisiones de cada país hacia 2035 debiera contribuir a limitar el calentamiento por debajo del 1,5°C, objetivo central del Acuerdo de París. Si se cumplieran las NDC presentadas hace cinco años, estaríamos yendo a un calentamiento de entre 2,1°C y 2,6°C, según la evaluación de Climate Action Tracker. Por ello, la tercera ronda de planes de este año -las NDC 3.0- debe ser más ambiciosa.
“Las partes se comprometieron a acelerar la acción en esta década crítica y acordaron presentar en sus próximas NDC objetivos ambiciosos de reducción de emisiones para toda la economía, que cubran todos los GEIs, sectores y categorías, y estén alineados con la limitación del calentamiento global a 1,5°C”, dijo a los gobiernos el secretario ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), Simon Stiell, a inicios de septiembre.
Si bien no hay un nuevo vencimiento formal, Naciones Unidas y la presidencia de la COP30 están alentando a los gobiernos a realizar sus presentaciones cuanto antes, especialmente para que puedan ser incorporadas en el informe de síntesis que la Convención publicará a fines de octubre. Las expectativas ahora están puestas en la Cumbre Climática que tendrá lugar el 24 de septiembre en Nueva York -en el marco del Debate General- como una oportunidad para impulsar a más países a dar a conocer sus nuevos compromisos climáticos.
En vísperas de ello, qué países ya tienen nuevas NDC, cuáles son sus elementos favorables y cuáles sus debilidades, qué ocurre con los países más emisores y con algunos casos particulares que presentan desafíos. En este análisis de InfoAmazonia presentamos una radiografía de una selección de las NDC 3.0.
Brasil, el país que preside la COP30
Para dar el ejemplo como presidencia de la próxima COP30, el gobierno brasileño presentó su NDC en noviembre de 2024, a inicios de la conferencia climática anterior. “Incluyó compromisos importantes, como la deforestación cero, la adaptación al cambio climático y, sobre todo, un lenguaje claro sobre la transición hacia un futuro sin combustibles”, analizaba en ese momento Natalie Unterstell, presidenta de la organización civil Instituto Talanoa, y reforzaba: “Son elementos que pueden servir de inspiración a las NDC de otros países”.

El plan de Brasil menciona continuar trabajando para alcanzar la deforestación cero a través de la eliminación de la deforestación ilegal, la compensación de la vegetación autóctona y la restauración de bosques afectados. Además, buscará promover la reducción gradual del uso de combustibles fósiles mediante la electrificación, la eficiencia energética y los biocombustibles.
“Desde una perspectiva de políticas, la NDC es muy buena pues describe una serie de políticas que ya están en marcha o se están preparando y que podrían impulsar el camino hacia lo que necesitamos”, evalúa Claudio Angelo, coordinador de Política Internacional de Observatório do Clima, y agrega: “Esta podría ser la primera vez que se cuente con políticas coherentes para la descarbonización que estén fuera del alcance exclusivo del Ministerio de Medio Ambiente”.
En materia de mitigación, Brasil se compromete a reducir sus emisiones de GEIs entre 59% y 67% por debajo de los niveles de 2005 en 2035. Climate Action Tracker la calificó como no compatible con el 1,5°C. ¿Por qué?
“Brasil optó por una meta de rango y la diferencia entre el límite inferior a alcanzar en 2035 (832 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, MtCO2eq) y el superior (1,033 MtCO2eq) es muy grande, son 200 millones de toneladas de CO2”, explica Unterstell y agrega: “Esto genera confusión ya que, al final, el cumplimiento del Acuerdo de París está vinculado sólo al límite menos ambicioso del rango”.
La meta de reducción del 59% -la menos ambiciosa- sería la que Brasil cumpliría con sus propios recursos. En cambio, la del 67% -la más ambiciosa- dependería de la generación de recursos financieros a través de, según sugiere, la venta de reducción de emisiones bajo el marco del artículo 6 del Acuerdo -que regula la transferencia internacional de compra y venta de reducciones de emisiones en mercados de carbono.
“La meta ni siquiera es una sola meta, son dos. Se lo busca vender como un rango y no lo es”, analiza Angelo y argumenta: “A lo largo del texto, a veces se menciona una cifra como el objetivo y en otras partes al otro. Si el gobierno le pidiera a alguien del sector agrícola que diseñe un plan sectorial para distribuir el presupuesto de carbono, ¿qué objetivo elegiría: ser más ambicioso en la reducción de emisiones o menos? Es tramposo”.
A lo largo del texto, a veces se menciona una cifra como el objetivo y en otras partes al otro. Si el gobierno le pidiera a alguien del sector agrícola que diseñe un plan sectorial para distribuir el presupuesto de carbono, ¿qué objetivo elegiría: ser más ambicioso en la reducción de emisiones o menos? Es tramposo.
Claudio Angelo, coordinador de Política Internacional de Observatório do Clima
La sociedad civil llevará el reclamo a Belém para que el gobierno brasileño priorice la meta más ambiciosa. Cabe recordar que Brasil es el séptimo más emisor a nivel global y el primero más emisor de la región latinoamericana.
El proceso de elaboración del plan recibió, además, críticas de la sociedad civil y sectores como la agricultura e industria por ser “poco participativo”, lo que esperan se revierta a lo largo de su implementación.
Estados Unidos, el país más emisor histórico que dirá adiós
Un mes y medio después de que Donald Trump ganara por segunda vez las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el gobierno de Joe Biden presentó una nueva NDC. Como una de sus primeras medidas, el gobierno de Trump inició el trámite para retirar al país del Acuerdo de París – que se hará efectivo el 27 de enero de 2026 – y desmanteló políticas climáticas. ¿Qué ocurre entonces con el compromiso presentado?
“La NDC 2035 es un objetivo cuidadosamente desarrollado que trasciende con creces las expectativas de esta administración”, explica a InfoAmazonia Alicia Zhao, investigadora del centro de investigación en políticas climáticas Center for Global Sustainability, y destaca: “Cuando la administración anterior presentó la NDC, se diseñó para contemplar posibles retrocesos. Por ahora, la NDC puede servir como guía para actores subnacionales para que Estados Unidos se mantenga en el camino correcto hacia sus objetivos climáticos a largo plazo”.
Un estudio de la Universidad de Maryland – del que Zhao es autora – evidencia que un liderazgo de acción climática más ambiciosa de estados, ciudades, empresas e instituciones podría contrarrestar gran parte de la inacción o de los retrocesos del gobierno nacional. Más precisamente, contribuiría a que el país reduzca sus emisiones del 54% al 62% para 2035, en línea con la meta de la nueva NDC.
“Una acción climática significativa no depende únicamente de la acción del gobierno federal. Los gobiernos locales cumplen un rol crucial y cuentan con diversas herramientas políticas que, si se implementan correctamente, pueden impulsar la acción climática en el país durante los próximos cuatro años, a la vez que generan beneficios económicos y de salud pública a nivel local”, analiza Zhao y agrega: “Sin dudas, esto no es tarea fácil, especialmente con los recortes presupuestarios y la falta de apoyo del gobierno federal”.
Una acción climática significativa no depende únicamente de la acción del gobierno federal. Los gobiernos locales cumplen un rol crucial y cuentan con diversas herramientas políticas que, si se implementan correctamente, pueden impulsar la acción climática en el país durante los próximos cuatro años, a la vez que generan beneficios económicos y de salud pública a nivel local.
Alicia Zhao, investigadora del centro de investigación en políticas climáticas Center for Global Sustainability
El desafío para los actores subnacionales será doble: intentar mantener vigente la acción climática en Estados Unidos y hacerlo incluso de manera más ambiciosa a lo propuesto por el gobierno de Biden. ¿Por qué?
Conforme la NDC presentada, el país se compromete a reducir las emisiones de GEIs de todos los sectores entre un 61% y 66% por debajo de los niveles de 2005 para 2035. Climate Action Tracker la califica como no alineada con el 1,5°C y refuerza: “Los actores subnacionales que buscan impulsar acciones alineadas con el Acuerdo de París deben ir más allá de este objetivo y sus medidas”.
Entre las críticas al plan se destaca que en ninguna parte del documento se reconoce su responsabilidad histórica y diferencial de movilizar financiamiento climático a los países en desarrollo.
Por otra parte, si bien describe políticas que puedan ayudar a llegar a la meta, no incluye objetivos sectoriales específicos. Por ejemplo, no especifica una meta de capacidad de energía renovable a alcanzar, sino que menciona “generar electricidad 100% limpia para 2035”. Ello puede abarcar no sólo energía eólica y solar, sino también energía fósil con captura de carbono o energía nuclear.
Siendo Estados Unidos el país históricamente más emisor y el segundo más emisor en la actualidad, lo que allí suceda – o no – en materia de acción climática será fundamental para acelerar o retrasar la meta de limitar el calentamiento por debajo del 1,5°C.
Los otros grandes emisores que presentaron
De los 10 países más emisores y además de Estados Unidos y Brasil, sólo Japón y Canadá presentaron nuevos planes climáticos.
El país asiático se propone reducir sus emisiones de GEIs en un 60% en 2035 y en un 73% en 2040, respecto a los niveles de 2013. Una meta que es menos ambiciosa de lo necesario para ser compatible con el 1,5°C. Climate Action Tracker proyecta que la reducción de emisiones a 2035 tendría que ser de, al menos, 81%.
El documento carece de objetivos sectoriales y de acciones concretas sobre cómo será posible alcanzar el objetivo en la práctica. Para ver mayores detalles, sólo redirige a un plan del gobierno presentado en 2021 para el cumplimiento de la NDC anterior.
El país de América del Norte busca reducir sus emisiones entre un 45% y 50% para 2035 con respecto a los niveles de 2005, que Climate Action Tracker considera preliminarmente se queda corto para ser compatible con el 1,5°C. Sobre las metas sectoriales, la red de organizaciones climáticas Climate Action Network (CAN) International critica la falta de compromiso para terminar con la exploración de petróleo y gas. Sobre las responsabilidades multilaterales, la red advierte que la propuesta de movilizar hacia los países en desarrollo un 60% de su cartera de USD 5,3 mil millones es insuficiente.
Los grandes emisores pendientes
Con un Estados Unidos en retirada del espacio multilateral, la expectativa está puesta en los planes que presenten China — primer país más emisor en la actualidad — y la Unión Europea — cuarto más emisor —, pero especialmente en la ambición que ellos tengan — o no.
Según pudo saber InfoAmazonia, el gigante asiático estaría publicando su nueva NDC este septiembre, alrededor de la cumbre en Nueva York. En abril pasado, Xi Jiping confirmó que la nueva NDC cubrirá toda la economía y todos los GEIs, y que la acción climática del país no disminuiría a pesar de los desafíos económicos y geopolíticos.
En comparación con el plan anterior, China tiene mucho por mejorar. Climate Action Tracker calificó su meta anterior — de reducir sus emisiones de CO2 por unidad de PBI en más del 65% para 2030 con respecto a los niveles de 2005 — como “altamente insuficiente”. Para ser compatible con el 1,5°C, todos los GEIs -no sólo CO2- debieran reducirse desde su máximo en, al menos, un 30% para 2035, según explicó en febrero pasado Li Shuo, director del China Climate Hub del Instituto de Políticas de la Sociedad Asiática.
Para el experto, habrá que observar en detalle qué sectores se aprovechan para una mayor reducción de emisiones — siendo el acero, la energía y el cemento los de mayor potencial — y qué ocurrirá con el carbón, su desarrollo o limitaciones, y las aprobaciones de nuevos proyectos. El World Resources Institute sugiere que el nuevo plan debe incluir mayor claridad en los objetivos y cómo alcanzarlos, mayor precisión en los valores absolutos, y una meta general ambiciosa con reducciones continuas de GEIs hasta 2035.
La presentación de la nueva NDC de la Unión Europea parece más incierta que la de China. Las diferencias y discusiones aún en marcha despiertan dudas respecto de si septiembre será el mes en que la den a conocer. Recientemente, el diario británico The Guardian accedió a un borrador de texto en el que aún no están claras ni definidas las metas numéricas -ni con un número singular ni con un rango de porcentajes- de su próximo compromiso climático.
Las discusiones actuales están empantanadas en bajo qué criterios estimar la meta numérica a 2035: de manera conjunta y en relación con la meta a 2040 que la UE también tiene que fijar como parte de la revisión de su ley climática, o como dos temas separados y considerando la ruta a la carbono neutralidad en 2050. Las diferencias resultantes en uno y otro caso son bastante técnicas, pero dan números con distintos niveles de ambición.
Otras pocas NDC latinoamericanas
Además de Brasil, sólo tres países de América Latina entregaron sus planes climáticos: Cuba, Ecuador y Uruguay. Los tres incluyen compromisos de adaptación a los impactos del cambio climático ya presentes, como fortalecer el sistema de gestión de riesgos de desastres, mejorar la capacidad de respuesta del sistema de salud y reducir la vulnerabilidad de las zonas costeras en Uruguay; implementar un manejo integral y territorial de vectores y las enfermedades que transmiten, y construir infraestructura para controlar el agua de lluvia en zonas de riesgo de inundaciones en Ecuador; y desarrollar acciones en construcción, cultivos y urbanismo que contemple la exposición en las zonas costeras en Cuba.
Tanto Uruguay como Ecuador comprenden elementos para una mejor respuesta ante las pérdidas y los daños ocasionados por los impactos climáticos. Uruguay fortalecerá su registro, medición y evaluación, y Ecuador prevé medidas basadas en reconstruir, rehabilitar, recuperar y/o reubicar comunidades, ecosistemas, actividades económicas, infraestructura.
En cuanto a mitigación, Uruguay repitió la misma meta que en su NDC anterior por considerar que la habían presentado en 2022 y era ya más ambiciosa que la primera. Esto fue observado por distintos análisis como un llamado de atención negativo.
El país sudamericano se compromete a no superar los 9.267 gigagramos de CO2 a 2035. Para el sector que más emite – el transporte – se propone evitar y reducir los viajes motorizados, mejorar la infraestructura y el servicio del transporte público para alentar su uso, e impulsar la electrificación y la eficiencia energética. Climate Policy Database considera la propuesta de políticas climáticas de Uruguay como “buena” en un sentido general, pero “pobre” para los diferentes sectores en lo particular.
Ecuador se compromete a reducir en un 7% las emisiones de GEIs de todos los sectores en 2035 en comparación con el escenario base sin acción climática y, sujeto a recibir ayuda financiera, podría aumentar esa reducción al 8%.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo destaca que es la primera vez que el país incluye una meta para toda la economía, que abarca todos los sectores y todos los gases. Sin embargo, aun cuando reconoce el fuerte rol económico de las exportaciones de petróleo, el plan no incluye estrategias concretas de diversificación y transición justa para no perpetuar esa dependencia contaminante, conforme la evaluación de NDC Equity Tracker, iniciativa de la organización climática Care About Climate.
Cuba no incluyó una meta general sino por sector, en función de distintas variables y dependiendo del acceso a financiamiento procedente de países desarrollados. Por ejemplo, en el sector energético -más emisor- pasó de comprometerse a incrementar hasta un 24% la generación eléctrica vía energías renovables para 2030 a hasta un 26% para 2035.
¿Y el resto de los países de la región? Al momento, se sabe que Chile entregará formalmente su nueva NDC previo a la cumbre de Nueva York y que Argentina -aún cuando el gobierno de Javier Milei critica permanentemente la agenda multilateral de ONU- está trabajando en su plan nacional.
Los países africanos, entre planes y desafíos propios
Si bien África contribuye sólo un 4% de las emisiones globales de GEIs, sus países deben elaborar planes lo más ambiciosos posibles para garantizar la acción climática local y contribuir a la multilateral. Al momento, han sido varios los países de la región que publicaron sus nuevas NDC, pero entre ellos no se encuentran los más emisores, como Sudáfrica, Egipto, Argelia, Nigeria y Marruecos.

En un foro temático celebrado en Kigali, Ruanda, a fines de 2024, se abordaron los principales desafíos que enfrentan los países de las región -o algunos de ellos- para el proceso de las NDC. Entre ellos se destacaron la falta de datos precisos y transparentes para el desarrollo, la insuficiencia de financiamiento para la implementación, y la escasez de capacidad técnica para monitorear el progreso.
Kenia es uno de los países que presentó su NDC 3.0 con una meta de reducción de emisiones en un 35% para 2035 por debajo de un escenario habitual sin acción climática. El análisis de Climate Action Tracker advierte que los distintos escenarios incondicionales (con sus propios recursos) y condicionales (con otros recursos, como ayuda financiera o participación en mercados de carbono) que plantea para alcanzarlos representan “una oportunidad perdida para reflejar el nivel de ambición necesario”. Al respecto, recomienda un compromiso más claro con reducciones de emisiones reales y mensurables.
Los planes de los países insulares en su lucha por sobrevivir
Dos elementos son comunes en los planes climáticos de los países insulares, esos más expuestos al cambio climático. Por un lado, la relevancia de las agendas de adaptación a los impactos climáticos ya presentes y del abordaje de las pérdidas y los daños ocasionados por esos impactos. Por otro lado, y en línea con ello, la necesidad de contar con mayor financiamiento internacional para poder implementar sus políticas climáticas.
Las metas de mitigación suelen estar sujetas parcial o totalmente a la recepción de financiamiento internacional y/o la incorporación a mecanismos como los mercados de carbono. Barbados, por ejemplo, plantea un compromiso incondicional de reducción de sus emisiones de 45% para 2030 en comparación con los niveles de 2008, y un compromiso condicional -sujeto a recibir ayuda económica- de 70% de reducción. La meta de Maldivas, por otra parte, es condicional en su totalidad a recibir recursos financieros, tecnología, capacidad y otros medios de implementación.
La necesidad de financiamiento no es exclusiva a políticas de mitigación, también requieren recursos económicos en igual manera para las políticas de adaptación y para pérdidas y daños, a la par que mejoran las medidas nacionales con sus propios recursos. En su nuevo plan, Santa Lucía está integrando acciones de reducción del riesgo de desastres y preparación ante ellos a fin de reducir el riesgo de pérdidas y daños. técnica para monitorar o progresso.