: 2017, uno de los peores años para la deforestación en el mundo

2017, uno de los peores años para la deforestación en el mundo

27 de junio de 2018

Según un informe de Global Forest Watch, el año pasado fue el segundo peor año para los bosques tropicales del mundo. La Amazonía de Colombia y Brasil son las regiones donde la tala avanza con más violencia. La República Democrática del Congo e Indonesia también sufrieron grandes pérdidas de bosque gracias a la agricultura a gran escala.

 

Por Helena Calle
Foto: El Parque Nacional Tinigua (Meta) perdió el equivalente a 7.000 canchas de fútbol en los primeros tres meses de este año / Parques Nacionales

Esta semana se celebra en Oslo (Noruega) el Foro de Bosques Tropicales, en donde tomadores de decisiones, empresarios, comunidades indígenas y afro y representantes de 10 gobiernos se reúnen para discutir qué hacer con los bosques que están perdiendo, su efecto sobre el cambio climático y qué hacer para detener la deforestación.

Allí se revelaron datos preocupantes: el año pasado fue uno de los peores para los bosques tropicales, como los de India, el Sudeste de Asia, Centroamérica, México, y el Amazonas de Brasil, Perú y Colombia.

En total, los bosques tropicales perdieron 15.8 millones de hectáreas en 2017, un área del tamaño de Bangladesh. Eso es el equivalente a perder 40 campos de fútbol cada minuto durante todo un año, según los datos que publicó hoy la Universidad de Maryland, a través de Global Forest Watch (GFW).

A pesar de los esfuerzos para reducir la deforestación tropical, el fenómeno ha aumentado constantemente en los últimos 17 años. (En contexto: Continúa la deforestación en Colombia)

Colombia pierde bosques en la era del posconflicto

Colombia se enfrentó a uno de los incrementos más dramáticos en la pérdida de cobertura arbórea de cualquier país, con un aumento del 46% en comparación con 2016, y más del doble de la tasa de pérdida desde 2001-2015.

Casi la mitad del aumento ocurrió en solo tres regiones en el límite del bioma amazónico (Meta, Guaviare y Caquetá), con nuevos focos de pérdida que avanzan hacia áreas previamente intactas, como el Parque Tinigua (Meta) el Parque Chibiriquete (Meta y Guaviare) o la Serranía de San Lucas (Antioquia).

“El rápido aumento en la pérdida de la cobertura arbórea ocurrió cuando llegó la paz al país. Las FARC mantuvieron un estricto control del uso de la tierra y permitieron poco uso comercial de los recursos. Con su parcial desmovilización, surgió un vacío de poder que condujo a la tala ilegal de pastos y coca, la extracción y la tala de otros grupos armados”, dice el informe.

Aunque las causas aún son difíciles de determinar a través de satélites, GFW coincide con las autoridades colombianas en que la especulación de la tierra es desenfrenada “ya que las personas ocupan y deforestan nuevas áreas con la esperanza de obtener un título de propiedad de la tierra en virtud de la próxima ley de reforma rural, un componente clave del Acuerdo de Paz. Las rutas abandonadas de las FARC también están brindando acceso a áreas forestales previamente remotas, con algunos gobiernos regionales expandiendo oficialmente estas carreteras para promover el desarrollo”.

Dentro de los datos semanales que publica la Universidad de Maryland, el Parque Nacional Tinigua (Meta) prendió las alarmas haber perdido 7.000 hectáreas en tan solo tres meses, casi el 3% de su área total. “Tinigua es parte de un bloque de cuatro parques nacionales que se encuentran en la convergencia de los ecosistemas de los Andes, la Amazonía y el Orinoco”, dice el informe. (Lea también: La agonía del Parque Tinigua)

Según el IDEAM, los cambios en el Tinigua se deben al uso del fuego para despejar bosques y abrir tierras para cultivos o ganado. Los datos de GFW respaldan a los que entregó el Ideam hace apenas dos semanas, y que advierten que la deforestación en el país aumentó en un 23%, sobre todo en la Amazonía.

El triste repunte de Brasil gracias a una carretera

El gigante suramericano está en mala racha. 2016 y 2017 fueron los años más críticos para la Amazonía. Un parche de más de 750 hectáreas (casi 1.000 canchas de fútbol) fue arrasado en el estado de Apú, que se extiende por 10 kilómetros alrededor de la Autopista Transamazónica.

De acuerdo con Gabriel Carrero, investigador principal del Instituto de Conservación y Desarrollo Sostenible de la Amazonía (IDESAM) en Brasil, el desmonte es ilegal. «Está dentro del proyecto de Asentamiento de Río Juma, que debe ser resuelto por pequeños colonos, un lote de granja (aproximadamente 75 hectáreas cada uno) por familia», explica. Agrega que el gran tamaño del claro indica que probablemente sea un grupo externo que despeje la tierra, en lugar de una familia en el asentamiento. «El Asentamiento ha sido ocupado en gran parte por agricultores capitalizados y empresas agrícolas, y ha perdido su propósito planificado para los pequeños agricultores familiares», dijo, señalando el gran pastizal vecino despejado por terratenientes ricos de Pará. (Lea también: Brasil predice una reducción de deforestación en la Amazonía para 2018)

La Autopista Transamazónica se empezó a construir en los setenta, y desde entonces, la población se ha triplicado en el estado de Apuí. Los investigadores de GLAD creen que la deforestación en este estado brasilero se debe a una especie de burbuja inmobiliaria: a medida que mejora la infraestructura de transporte, los propietarios de tierras apuestan a que los precios de la tierra aumentarán.

También aumentaron los incendios. La región amazónica tuvo más incendios en 2017 que cualquier otro año, causando el 33% de toda la deforestación de Brasil, según la Universidad Maryland.

Aunque es probable que los bosques se recuperen debido a que los incendios provocan principalmente la degradación en lugar de la deforestación, los incendios han contrarrestado el declive de Brasil en las emisiones de carbono relacionadas con la deforestación desde principios de la década de 2000.

Compañías de palma aceitera vinculadas a la pérdida de bosques en Indonesia

Más de 600 hectáreas en una concesión de palma aceitera en la provincia de Papua, en Indonesia, se vieron afectadas desde febrero hasta abril. Desde 2015, estos cultivos han provocado la pérdida de 4.500 hectáreas.

Un análisis de Greenpeace sugiere que alrededor de 4.000 hectáreas de la selva tropical en la concesión PT Megakarya Jaya Raya entre mayo de 2015 y abril de 2017, un área de casi la mitad del tamaño de París. PT Megakarya Jaya Raya es una concesión de aceite de palma controlada por un conglomerado privado, Hayel Saeed Anam Group (HSA), que le vende aceite a Mars, Nestlé, PepsiCo y Unilever.

Sin embargo, la tasa general de pérdida de bosques en Indonesia bajó en 2017 en un 60%. “La pérdida primaria de bosque en áreas de turba protegidas disminuyó en un 88 por ciento entre 2016 y 2017, alcanzando el nivel más bajo jamás registrado”, reconoce GFW. Las campañas educativas y el aumento en la aplicación de las leyes forestales por parte de la policía local también han ayudado a prevenir el desmonte de tierras por fuego.

Aunque el doctor Putera Parthama, que es el director de bosques del Ministerio de Bosques de Indonesia, está alegre por la disminución, no es suficiente. “Hemos aprendido que si ubicamos a las personas dentro de los bosques y les damos tierras para que cultiven, la deforestación disminuye porque siguen produciendo alimentos y se vuelven guardianes”.

La República Democrática del Congo alcanza su pico histórico de deforestación

De acuerdo con el informe de Global Forest Watch, la deforestación aumentó un 6% con respecto a 2016. La agricultura, la tala artesanal y la producción de carbón provocaron la pérdida de la cobertura arbórea, con cerca del 70% en áreas agrícolas conocidas como “complejos rurales”.

El 3% ocurrió en áreas protegidas y el 10% en concesiones de explotación maderera. Durante los últimos 16 años, la República Democrática del Congo ha suspendido las nuevas concesiones industriales de tala, pero el gobierno restableció las concesiones a dos compañías en 2018.

El efecto inesperado de los huracanes

La extrema temporada de huracanes de 2017 que mató a miles y causó miles de millones de dólares de destrucción en el Caribe también tuvo impactos en los bosques latinoamericanos. La isla de Dominica perdió el 32% de su cobertura de árboles en 2017, Puerto Rico perdió un 10 por ciento. Aunque los bosques tropicales tienen la capacidad de resistir a los ciclones, la fuerza de las tormentas Harvey, Irma y María, aumentada gracias al cambio climático, fue demasiado para los bosques centroamericanos.

Según le dijo a El Espectador Andreas Dahl-Jørgensen, Director Adjunto de la Iniciativa Internacional de Bosques y Clima de Noruega (NICFI) sin una drástica reducción en deforestación, no vamos a alcanzar nuestras metas de desarrollo.

Por otro lado, Victoria Tauli-Corpuz, relatora Especial de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, señaló la importancia de los pueblos indígenas en esta empresa: “la tasa de emisiones de carbono a la atmósfera es significativamente menor en territorios indígenas en todo el mundo. Entregar bosques a los indígenas ha probado incansablemente ser una solución probada al cambio climático, al reconocimiento de derechos indígenas y al ambiente sano de próximas generaciones”.

Además de proteger la biodiversidad y proporcionar medios de vida humanos, los bosques también desempeñan un papel fundamental en el almacenamiento del carbono. Aunque consérvalos proporcionaría casi el 30% de la solución para evitar el aumento de 2 grados de temperatura global, solo el 2% del financiamiento del cambio climático en el mundo se destina a este sector.

Puede ver el mapa intercativo de Global Forest Watch aquí

*Infoamazonia es una alianza periodística entre Amazon Conservation Team, Dejusticia y El Espectador

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