Juma Xipaia y Joanita Babirye, dos líderes del Sur Global, relatan violencias, barreras de financiamiento y el borrado de las mujeres en la política climática, y defienden que la conferencia reconozca a quienes sostienen soluciones reales en los territorios.
La crisis climática tiene rostro, territorio y género. En Uganda, en África Oriental, sequías prolongadas, cosechas perdidas y desplazamientos forzados afectan principalmente a comunidades rurales que dependen de la agricultura y de las selvas para sobrevivir. En la Amazonía brasileña, los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales también enfrentan los mismos desafíos, además de la deforestación, invasiones, violencia y la expansión de proyectos extractivos que amenazan sus formas de vida y su existencia.
En el Sur Global, las mujeres están en la primera línea, liderando procesos de defensa territorial, educación climática, protección ambiental y resistencia política. Organizan a sus comunidades, denuncian violaciones y construyen soluciones locales de mitigación y adaptación, casi siempre con poco o ningún financiamiento.
Según ONU Mujeres, solo el 0,01 % del financiamiento climático global llega directamente a iniciativas lideradas por mujeres indígenas. En Uganda, organizaciones comunitarias de mujeres relatan que enfrentan filas de horas en los bancos para solicitar microcréditos, mientras megacorporaciones de combustibles fósiles continúan recibiendo inversiones multimillonarias. En la Amazonía, las defensoras ambientales denuncian violencias de género específicas, que se intensifican cuando ocupan posiciones de liderazgo.
Es en este escenario que dos voces se encuentran en la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30): Joanita Babirye, cofundadora de Girls for Climate Action, un movimiento joven y feminista de Uganda que actúa con formación política, soluciones de adaptación basadas en conocimiento tradicional y defensa de ríos y selvas amenazados por proyectos industriales.

Y Juma Xipaia, lideresa indígena brasileña nacida en la aldea Tukamã, a orillas del río Iriri, en Pará. Desde hace años, denuncia la violencia contra los territorios amazónicos, defiende el protagonismo de las mujeres indígenas en la protección de la Amazonía y reivindica que el mundo reconozca a quienes mantienen la Amazonía en pie.

Las dos fueron entrevistadas por separado, y aquí colocamos sus respuestas en diálogo para conectar luchas que, aunque divididas por un océano, comparten el mismo eje.
La crisis climática afecta territorios distintos, pero las mujeres que resisten en esos lugares reconocen dolores y desafíos comunes. Les preguntamos cómo identifican esos paralelos.
Joanita Babirye — Así como en la Amazonía, muchas personas en Uganda también dependen de las selvas, tanto en el suroeste como en el noreste y en la región central del país. Dependen de las selvas para el sustento, para fines medicinales, para la alimentación, para la cura y para conectarse con la naturaleza. Así como ocurre en la Amazonía, las selvas del país también están amenazadas por industrias que ocupan esos territorios para plantar caña de azúcar, talar madera y producir carbón vegetal. No podemos decir que estamos libres en Uganda mientras las mujeres amazónicas no lo estén. Si nosotras no estamos libres, nadie lo está.
Juma Xipaia — Nosotras, mujeres en lucha, compartimos el mismo desafío: el silenciamiento y la exclusión de los espacios de decisión. Necesitamos gritar el doble para que nuestra voz sea escuchada y respetada, aún más por pertenecer al Sur Global, por no ser blancas.
Un ejemplo emblemático fue el de la activista ugandesa Vanessa Nakate, silenciada por los medios en 2020 cuando fue recortada de una foto junto a otros jóvenes activistas en el Foro Económico Mundial, simplemente por ser la única persona negra. Ella siguió firme, llamando la atención sobre los impactos de la crisis climática en África, un continente que sufre profundamente sus consecuencias a pesar de ser uno de los menos responsables por la contaminación del planeta. No podemos darnos el lujo de desistir o de dejar de luchar. Tenemos el mismo objetivo: defender la vida, la humanidad, el planeta y las futuras generaciones.
En muchos territorios, son las mujeres quienes sostienen la primera línea de la protección ambiental. Ellas explican por qué asumen ese protagonismo —y por qué es necesario el reconocimiento.
Joanita Babirye — Venimos de comunidades agrícolas y pesqueras, y cualquier cambio climático o forma de degradación ambiental nos afecta de manera diferente. Como niñas, jóvenes y mujeres, somos nosotras quienes buscamos el alimento. Somos víctimas de los impactos climáticos, pero también estamos liderando el cambio en nuestras comunidades, porque somos portadoras de conocimiento; tenemos conocimiento indígena necesario para impulsar la ambición climática, la adaptación y la construcción de nuestra propia resiliencia. Por eso, la resistencia feminista es una fuerza global que conecta la Amazonía con África y con Uganda.
Juma Xipaia — Nosotras, mujeres, tenemos una conexión con las selvas. Somos guardianas de la sabiduría ancestral y de la conexión espiritual con la naturaleza. Recuerdo que, incluso sin voz en aquel tiempo [época de sus ancestras], fueron las mujeres quienes se levantaron para decir “aquí no habrá minería ilegal”. Cuando una mujer se levanta en defensa de la selva, está defendiendo la vida y el futuro de todas y todos.
La defensa territorial tiene género —y el riesgo también. Les preguntamos cómo se manifiestan las violencias para quienes se atreven a proteger ríos y selvas.
Joanita Babirye — En Uganda hay muchas amenazas contra defensoras y defensores ambientales. Parte de nuestro trabajo es luchar por justicia hídrica en áreas que dependen del río Nilo y de los arroyos para sobrevivir, pero que también fueron transformadas en polos industriales del país. Ha sido muy difícil participar en estos procesos sin sufrir amenazas. Mientras defendemos, enfrentamos mucha intimidación, amenazas y acoso. Al provenir de un grupo formado solo por niñas y jóvenes mujeres, vemos que existe intimidación de género, una violencia de género que ingresa en nuestros espacios.
El dinero que circula en las COP rara vez llega a las manos de quienes crean soluciones en el territorio. Les preguntamos cómo viven —en la práctica— la ausencia de financiamiento directo.
Joanita Babirye — El financiamiento ha sido la mayor barrera para ampliar nuestro impacto y replicar las soluciones creadas por mujeres en otras comunidades. Cuando llegamos a espacios como este [COP30] y vemos tantas promesas de millones de dólares, nos preguntamos cuánto de ese dinero realmente llega a organizaciones de base como Girls for Climate Action.
Algunas de las soluciones que funcionan son justamente las más subfinanciadas. Las mujeres enfrentan muchas dificultades para acceder a recursos en las instituciones financieras; puede llevar más de tres horas en una fila solo para intentar obtener un préstamo. Y ellas ya tienen una enorme carga de trabajo en el hogar, así que ese tiempo es otro peso más. El financiamiento debe ser directo, flexible y accesible.
Juma Xipaia — El acceso de las mujeres indígenas a financiamiento climático sigue siendo muy limitado. La mayor parte de los recursos internacionales no llega a las bases, donde están las verdaderas guardianas de la Amazonía. Sin invertir en las mujeres indígenas, no existe acción climática efectiva.
La COP30 ocurre en la Amazonía. ¿Qué esperan ellas de un megaevento climático realizado en territorio indígena?
Joanita Babirye — Esta COP está siendo llamada la COP de la verdad, y creo que necesitamos salir del discurso e ir hacia la acción. En todas las COP escuchamos que necesitamos acción, necesitamos implementación, pero, al mismo tiempo, esta es una COP en la que queremos que se adopte el Plan de Acción de Género.
Es muy decepcionante ver que todavía estemos discutiendo definiciones de género, diversidad, derechos sexuales y reproductivos, en lugar de centrar las realidades y experiencias compartidas por jóvenes mujeres y niñas en toda su diversidad. Muchos gobiernos dijeron desde la apertura que esta es una COP de implementación. Pero ¿qué significa implementación cuando las voces centrales están ausentes en esos espacios de decisión y cuando no estamos destinando recursos suficientes a soluciones climáticas lideradas por mujeres?
Esta debe ser una COP en la que se tome una decisión sobre el Plan de Acción de Género y en la que dejemos de perder tiempo en debates lingüísticos que no nos hacen avanzar. También necesitamos más mujeres en esos espacios de decisión —y eso no es opcional, es vital.
Juma Xipaia — Esperamos que la COP30 traiga acciones concretas y compromisos reales. Proteger nuestros territorios es garantizar la resiliencia climática y la supervivencia de todas y todos. La respuesta que el futuro necesita somos nosotras. La Amazonía aún existe porque estamos aquí para protegerla.
Este informe se elaboró con el apoyo del Global Greengrants Fund.
Ilustración: Gabi Coelho/InfoAmazonia